En colaboración con Juan Carlos Delgado

El Acantilado

Juan Carlos Delgado (Bogotá, 1973) 5 de abril – 20 de mayo

La obra de Juan Carlos Delgado se desarrolla a partir de un interés por la memoria, partiendo de referentes simbólicos que se articulan con una serie de significados asociados a la espiritualidad, la transformación del ser y la relación dicotómica entre vida y muerte, luz y oscuridad, experiencia y reminiscencia. En su más reciente proyecto, el artista retoma la noción romántica del acantilado para establecer un símil entre la silueta abrupta y difusa de dicho accidente geográfico y la imposibilidad de retener recuerdos nítidos de las experiencias que nos marcan como individuos.

 

La muestra vuelve una y otra vez sobre los procesos de memoria mediante mecanismos de evocación ligados a la fuerza emocional de los colores, la presencia sugerida de lo invisible y la relación de la imagen con el soporte. De este modo, el artista consigue entablar un diálogo entre la memoria y el olvido que se ve reforzado por la ejecución de las piezas, pues en el quehacer se hace alusión a la manera en la que reconstruimos y distorsionamos los recuerdos con la intención de traerlos al presente.

El uso de símbolos como los copetones, los techos y los cuadros que le dan la espalda al público –cuyos marcos resultan familiares pese a que su contenido es imperceptible–, así como las numerosas referencias a la historia del arte, crean un sentido de proximidad entre la obra y quien se enfrenta a ella, no solo porque forman parte de una memoria colectiva sino porque tienen el potencial de desencadenar un deseo por relacionar esas imágenes, conceptos y representaciones con alguna experiencia vivida.

Nuestra sensibilidad frente a lo que es efímero expresa la necesidad de mantener los recuerdos cerca. Pareciera ser que lo que realmente nos define como individuos son esos fragmentos de memorias que evocamos, construimos y re significamos cuando intentamos acceder a ellos. En El Acantilado, Juan Carlos Delgado enaltece la posibilidad de que el recuerdo se transforme, dando lugar a un proceso de memoria que puede no enmarcarse en la realidad. Sin embargo, más allá de su exactitud o total veracidad, lo que importa es la forma en la que logramos mantener presentes aquellas memorias tan esenciales que tienen la capacidad de definirnos.

María Fernanda Mancera